Cuando el público vio por primera vez el escenario del Festival de Viña del Mar 2017, la atención se centró en su imponente esfera central, el gran espiral de pantallas LED y una puesta en escena que transformó por completo la Quinta Vergara. Sin embargo, detrás de ese despliegue visual hubo meses de planificación, ingeniería y coordinación técnica para convertir un ambicioso concepto en una estructura capaz de operar con precisión durante seis noches de transmisión broadcast, consolidando un referente en escenografía para TV y tecnología para televisión.
Diseñado por Marcelo Rojas, el escenario incorporó más de 2.500 módulos LED, sumando cerca de 1.300 metros cuadrados de superficie. Su pieza más emblemática fue una esfera de más de cuatro toneladas y 4,5 metros de altura, equipada con más de 50 motores de velocidad variable, capaces de elevarla, descenderla y girar en 360 grados mientras integraba iluminación y contenido audiovisual sincronizado. La combinación de pantallas LED gigantes, sistemas motorizados y control de video permitió desarrollar una propuesta de integración audiovisual pocas veces vista en la región.
Pero alcanzar ese resultado significó mucho más que instalar tecnología. Cada ajuste en el diseño implicó recalcular estructuras, revisar cargas, redefinir sistemas de movimiento y coordinar el trabajo de múltiples especialidades. La planificación se extendió durante meses para asegurar que cada elemento cumpliera con los exigentes estándares de seguridad y rendimiento que exige la ingeniería para eventos de gran escala.
«Cada vez tenemos más gente especialista, laboratorios y un buen manejo de la tecnología», señaló Marcelo Rojas tras el certamen, destacando el desarrollo técnico que permitió integrar pantallas curvas, sistemas de giro, motores variables e imágenes de alta resolución en una misma propuesta escénica.
El éxito del montaje también dependió de una logística cuidadosamente sincronizada. Fabricación, transporte, montaje, programación y pruebas debieron ejecutarse con precisión para cumplir un calendario sin margen para errores. El resultado fue una producción de estándar internacional que demostró cómo las soluciones audiovisuales de alto nivel son capaces de transformar los escenarios para televisión, potenciar la producción de espectáculos y responder a las exigencias de los eventos masivos más importantes de Latinoamérica.
When audiences first saw the stage for the 2017 Viña del Mar Festival, their attention was drawn to its imposing central sphere, the grand spiral of LED screens, and a staging that completely transformed the Quinta Vergara. However, behind this visual spectacle lay months of planning, engineering, and technical coordination to turn an ambitious concept into a structure capable of operating with precision during six nights of broadcast , establishing a benchmark in television set design and technology .
Designed by Marcelo Rojas, the stage incorporated more than 2,500 LED modules , covering approximately 1,300 square meters . Its most emblematic piece was a sphere weighing over four tons and standing 4.5 meters tall, equipped with more than 50 variable-speed motors capable of raising, lowering, and rotating it 360 degrees while integrating synchronized lighting and audiovisual content. The combination of giant LED screens , motorized systems, and video control allowed for the development of an audiovisual integration rarely seen in the region.
But achieving that result meant much more than installing technology. Every design adjustment involved recalculating structures, reviewing loads, redefining movement systems, and coordinating the work of multiple specialties. Planning extended over months to ensure that every element met the demanding safety and performance standards required by engineering for large-scale events .
"We have more and more specialists, laboratories, and good management of technology," said Marcelo Rojas after the competition, highlighting the technical development that allowed the integration of curved screens, rotation systems, variable motors, and high-resolution images into a single stage production.
The success of the production also depended on meticulously synchronized logistics. Manufacturing, transport, assembly, programming, and testing all had to be executed with precision to meet a zero-tolerance schedule. The result was a world-class production that demonstrated how high-level audiovisual solutions can transform television sets , enhance live performances , and meet the demands of Latin America's largest mass events .
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